Cuando un adulto mayor se hospitaliza: delirium, caídas y cómo prevenirlos
Un adulto mayor puede entrar caminando al hospital y salir sin poder hacerlo. La mayor parte de ese deterioro no viene de la enfermedad: viene de la hospitalización misma, y buena parte se previene.
Un hombre de 78 años ingresa por una neumonía. La neumonía se trata bien y responde. Diez días después sale del hospital curado de la neumonía, pero confundido, más débil y sin poder caminar solo. La enfermedad se resolvió; el paciente no.
Ese desenlace tiene nombre en geriatría —deterioro funcional asociado a la hospitalización— y es tan frecuente que en muchos servicios se ha normalizado. No debería. Una parte sustancial de ese deterioro es prevenible, y las medidas que lo previenen no son sofisticadas: son cosas que un familiar puede facilitar todos los días.
Delirium: el problema que casi nadie nombra
El delirium es un estado confusional agudo. La persona se desorienta, no sabe dónde está ni qué día es, puede ver cosas que no están, puede agitarse o —más a menudo— quedarse callada y ausente.
Su frecuencia es alta: la incidencia en pacientes hospitalizados se estima entre el 3% y el 42%, y la prevalencia entre el 5% y el 44%, con cifras aún mayores en cuidados intensivos.
Y es importante por tres razones: se asocia a mayor mortalidad, a estancias más largas y a un deterioro cognitivo que no siempre se recupera del todo. No es "que el abuelo está confundido por el ambiente". Es una complicación médica.
Cómo distinguirlo de la demencia
Esta distinción es la que más veces se falla, y hacerla bien cambia todo:
- Delirium: aparece en horas o días, fluctúa a lo largo del día (mejor en la mañana, peor al atardecer), la atención está alterada, y suele ser reversible al corregir la causa.
- Demencia: se instala en meses o años, es estable a lo largo del día y progresa lentamente.
La aparición brusca y la fluctuación son las dos claves. Si su familiar estaba orientado el martes y el miércoles no reconoce a nadie, eso no es demencia que apareció de golpe: es delirium hasta que se demuestre lo contrario, y hay que buscar la causa.
La forma silenciosa
Existe un delirium hipoactivo: el paciente no se agita, se queda quieto, callado, somnoliento. Se confunde con cansancio o con "está tranquilo" y se detecta mucho menos que la forma agitada, a pesar de tener peor pronóstico.
Si su familiar está inusualmente apagado, no responde como antes o parece ausente, dígalo. Es tan reportable como la agitación.
Lo que sí funciona para prevenirlo
El delirium se considera prevenible en hasta un 40% de los casos. Los programas estructurados de prevención no farmacológica —el más conocido es el Hospital Elder Life Program— reducen su incidencia entre un 30% y un 40%. Sus componentes son estos, y casi todos dependen de cosas cotidianas:
- Reorientación. Reloj visible, calendario, luz natural de día, decirle dónde está y qué día es sin que lo pregunte.
- Sueño sin medicamentos. Oscuridad y silencio de noche, agrupar los controles nocturnos, evitar sedantes que empeoran el cuadro.
- Movilización temprana. Levantarse, sentarse en silla, caminar apenas la condición lo permita.
- Gafas y audífonos. Un paciente que no ve ni oye se desorienta mucho más.
- Hidratación y nutrición. Incluida la prevención del estreñimiento, que es causa frecuente y subestimada de agitación.
Conviene además preguntar por dos causas muy corregibles: la retención urinaria y el dolor no tratado. Ambas producen agitación en adultos mayores y ambas se resuelven rápido cuando alguien las busca.
Lo que puede llevar de casa
Esta lista parece doméstica y es, literalmente, prevención clínica:
- Gafas. Las de verdad, no unas de repuesto que no gradúan.
- Audífonos, con pilas de repuesto.
- Dentadura. Afecta la alimentación y también el habla.
- Un reloj grande y un calendario visibles desde la cama.
- Fotos familiares y algún objeto conocido.
- Su propia bata o pantuflas antideslizantes, si se permite.
Caídas
Las caídas son el evento adverso más frecuente en los hospitales, con una incidencia estimada de 3 a 5 casos por cada 1.000 días-cama. En un adulto mayor, una caída puede significar una fractura de cadera, y una fractura de cadera cambia el pronóstico de vida.
El riesgo se concentra en momentos identificables: de noche, al levantarse al baño, tras un sedante, con una vía o una sonda que estorba, con el piso mojado o el timbre fuera de alcance.
Medidas concretas:
- Timbre siempre al alcance de la mano, y comprobado.
- Que pida ayuda para levantarse, y que no se levante solo la primera vez tras días en cama.
- Calzado cerrado y antideslizante. Nunca medias solas.
- Luz de noche encendida.
- Frenos de la cama puestos y cama en posición baja.
- Objetos de uso frecuente al alcance: agua, gafas, celular.
- Cuidado especial con los sedantes: pregunte siempre si son imprescindibles.
Sobre las sujeciones físicas: se usan menos que antes y por buena razón. Lejos de prevenir el delirium, tienden a empeorarlo y aumentan las lesiones. Si le proponen sujetar a su familiar, pregunte qué alternativa se intentó primero. Con frecuencia la alternativa es un acompañante presente.
El músculo se pierde rápido
Un adulto mayor en reposo absoluto pierde masa y fuerza muscular en cuestión de días. Es el mecanismo por el que alguien entra caminando y sale sin poder hacerlo, y es más rápido de lo que casi nadie imagina.
Pregunte cada día en la ronda: "¿puede levantarse hoy? ¿Puede sentarse en la silla? ¿Puede caminar, y con qué ayuda?". Y si la respuesta es que no, pregunte qué lo impide y qué haría falta para que sí. A veces el impedimento es una sonda que ya no hace falta.
Medicamentos que conviene revisar
Los adultos mayores metabolizan distinto y acumulan más efectos. Vale la pena pedir una revisión de la lista completa, prestando atención a sedantes e hipnóticos, anticolinérgicos, opioides en dosis altas, algunos antihistamínicos y la polifarmacia en general. La pregunta útil es: "¿todos estos siguen siendo necesarios ahora?".
La presencia importa
De todo lo anterior, la intervención más eficaz suele ser la más simple: que haya alguien conocido al lado. Una voz familiar que reoriente, que recuerde, que hable del nieto y del día que es, hace por la prevención del delirium más que la mayoría de las medidas disponibles.
Unas gafas, un reloj en la pared y una caminata por el pasillo no parecen medicina. En un adulto mayor hospitalizado, están entre las intervenciones con mejor evidencia disponible.
La Guía para Sobrevivir al Hospital dedica un apartado al paciente adulto mayor y a lo que su familia puede hacer, día a día, para que salga en las condiciones en que entró.
Preguntas frecuentes
- ¿Qué es el delirium y en qué se diferencia de la demencia?
- El delirium es un estado confusional agudo que aparece en horas o días, fluctúa a lo largo del día y suele ser reversible cuando se corrige la causa. La demencia, en cambio, se instala en meses o años y progresa de forma estable. La aparición brusca y la fluctuación son los dos rasgos que los distinguen, y confundir uno con otro es lo que hace que muchos casos de delirium no se traten.
- ¿Se puede prevenir el delirium en el hospital?
- En buena medida sí: se considera prevenible en hasta un 40% de los casos. Los programas de prevención no farmacológica, como el Hospital Elder Life Program, reducen su incidencia entre un 30% y un 40% mediante reorientación, movilización temprana, protocolos de sueño sin medicamentos, hidratación y el uso de gafas y audífonos. Casi todo eso lo puede facilitar un familiar.
- ¿Qué puedo llevar al hospital para ayudar a un adulto mayor?
- Sus gafas, sus audífonos con pilas de repuesto, su dentadura, un reloj grande, un calendario, fotos familiares y objetos conocidos. Parecen detalles domésticos y son intervenciones clínicas: un paciente que no ve, no oye y no sabe qué día es tiene un riesgo mucho mayor de desorientarse. Devolverle esos sentidos es una de las medidas preventivas más eficaces que existen.
- ¿Por qué es tan importante que camine durante la hospitalización?
- Porque el reposo prolongado produce pérdida de masa y fuerza muscular en pocos días, y esa pérdida es la vía principal por la que un adulto mayor entra caminando y sale sin poder hacerlo. La movilización temprana previene además delirium, trombosis, neumonía y úlceras por presión. Pregunte cada día si puede levantarse, sentarse en una silla o caminar, y con qué ayuda.