Infecciones en el hospital: lo que puedes hacer para no llevarte una
Las infecciones asociadas a la atención están entre los eventos adversos más frecuentes del mundo, y la medida más eficaz para prevenirlas sigue siendo lavarse las manos.
Existe una categoría de infecciones que el paciente no traía cuando llegó. Se llaman infecciones asociadas a la atención en salud, y están entre los eventos adversos más frecuentes que ocurren en la prestación de servicios sanitarios en todo el mundo.
La escala del problema es difícil de exagerar: se estima que cada año ocurren 136 millones de casos de infecciones resistentes a antibióticos asociadas a la atención sanitaria. En América Latina, el costo de una sola infección del torrente sanguíneo asociada a catéter puede ir de 10.000 a 30.000 dólares, y una infección de sitio operatorio puede superar los 25.000.
Detrás de esas cifras hay una noticia razonablemente buena: una parte importante de estas infecciones es prevenible, y la medida individual más eficaz no requiere tecnología. Es lavarse las manos.
Por qué el hospital es un lugar de riesgo
Un hospital concentra tres cosas a la vez: personas con las defensas bajas, microorganismos seleccionados por años de exposición a antibióticos, y dispositivos que atraviesan las barreras naturales del cuerpo.
Ese tercer punto es el decisivo. La piel es una barrera extraordinaria. Un catéter venoso, una sonda urinaria, un tubo de ventilación o una incisión quirúrgica son, cada uno, un agujero deliberado en esa barrera. Son necesarios, pero cada día que permanecen puestos suma riesgo.
Las cuatro grandes
- Infección urinaria asociada a sonda vesical. La más frecuente en muchas instituciones, y la más ligada a sondas que se dejaron puestas más tiempo del necesario.
- Infección del torrente sanguíneo asociada a catéter central. Menos frecuente, mucho más grave.
- Neumonía asociada a ventilación mecánica. Propia de cuidados intensivos.
- Infección del sitio operatorio. La más visible para el paciente, porque ocurre en la herida.
Las cuatro comparten la misma lógica preventiva: manos limpias, técnica estéril al insertar, cuidado diario del dispositivo y —sobre todo— retirarlo apenas deje de ser necesario.
La pregunta más útil que puede hacer
Si tiene puesto un catéter, una sonda o un drenaje, hay una pregunta que conviene repetir cada día de la ronda médica:
"¿Todavía necesito esto?"
No es una pregunta impertinente. Es exactamente la pregunta que los programas hospitalarios de prevención de infecciones intentan instalar en la rutina de los equipos, porque el mecanismo de falla más común no es una inserción mal hecha: es un dispositivo que se quedó puesto por inercia después de que dejó de hacer falta. Cada día de más es riesgo de más.
Higiene de manos: la intervención número uno
La higiene de manos se reconoce como la intervención más eficaz, simple y costo-efectiva para prevenir estas infecciones, y su incumplimiento se considera la principal causa de propagación de microorganismos multirresistentes. La OMS estructura la práctica en cinco momentos: antes de tocar al paciente, antes de un procedimiento limpio o aséptico, después de exposición a fluidos, después de tocar al paciente y después de tocar el entorno del paciente.
Usted no tiene que memorizar los cinco momentos. Le basta con notar si alguien va a tocarlo sin haberse higienizado las manos delante de usted.
Cómo pedirlo sin que sea incómodo
Es la parte que a casi todo el mundo le cuesta. Algunas fórmulas que funcionan:
- "Disculpe, ¿podría usar el gel antes de tocarme?"
- "Me dijeron que preguntara siempre por el lavado de manos, ¿le importa?"
- Para un acompañante: "¿hay gel por aquí? Quiero usarlo yo también."
Esa última es la más eficaz de todas: modelar la conducta usted mismo. Un acompañante que se higieniza las manos al entrar y al salir cambia la norma de la habitación sin decirle nada a nadie.
Un detalle que suele pasarse por alto: los guantes no reemplazan la higiene de manos. Ponerse guantes con las manos contaminadas transfiere los microorganismos igual. La higiene va antes de los guantes y después de quitárselos.
Su entorno cuenta
Las superficies cercanas a la cama —barandas, mesa, control remoto, timbre, celular— se contaminan con lo que hay alrededor y se tocan constantemente. Cosas concretas:
- Limpie su celular. Es el objeto que más viaja entre su cara y todas las superficies.
- Pida que limpien la mesa antes de comer.
- Higienícese las manos antes de comer y después de ir al baño, sin excepción.
- Si le dan instrucciones sobre aislamiento, sígalas y pida que se las expliquen: los distintos tipos de aislamiento exigen medidas distintas.
Antibióticos: más no es mejor
Existe una intuición extendida de que un antibiótico "por si acaso" es una precaución sensata. No lo es. El uso innecesario de antibióticos selecciona bacterias resistentes, altera la flora intestinal y abre la puerta a infecciones como la producida por Clostridioides difficile, que puede ser grave y que suele aparecer después de un tratamiento antibiótico.
Preguntas razonables cuando le formulen uno:
- ¿Qué infección estamos tratando, y cómo se confirmó?
- ¿Cuántos días de tratamiento y cuándo se reevalúa?
- ¿Se tomaron cultivos antes de empezar?
- ¿Se puede pasar de intravenoso a oral? Retirar la vía reduce otro riesgo.
Señales de alerta
Avise de inmediato, sin esperar a la ronda, si aparece:
- Enrojecimiento que se extiende, hinchazón, calor o dolor creciente en una herida, vía o sonda.
- Secreción o mal olor.
- Fiebre o escalofríos.
- Ardor al orinar, orina turbia o con mal olor si tiene sonda.
- Tos nueva, dificultad para respirar o expectoración.
- Diarrea persistente, sobre todo durante o después de antibióticos.
El dolor que aumenta con los días en lugar de disminuir es una de las señales más confiables y de las más subestimadas.
En casa, después del alta
Muchas infecciones de sitio operatorio se manifiestan después de salir del hospital. Antes de irse, asegúrese de tener claro cómo cuidar la herida, con qué frecuencia cambiar el apósito, si puede mojarla y a quién llamar si algo cambia. Y complete los antibióticos como se los indicaron, incluso si ya se siente bien.
La medida que más infecciones previene en un hospital no cuesta nada y toma veinte segundos. El problema nunca fue el costo.
La Guía para Sobrevivir al Hospital reúne las verificaciones de prevención de infecciones para el paciente y su acompañante, día a día y dispositivo por dispositivo.
Preguntas frecuentes
- ¿Puedo pedirle al personal de salud que se lave las manos?
- Sí, y es una petición legítima que las propias campañas de la OMS y la OPS promueven. La higiene de manos es la intervención más eficaz, simple y costo-efectiva para prevenir infecciones asociadas a la atención, y el incumplimiento es la principal causa de su propagación. Una fórmula que funciona sin generar tensión: "disculpe, ¿podría usar el gel antes de tocarme?".
- ¿Cuáles son las infecciones hospitalarias más frecuentes?
- Las cuatro más comunes son las asociadas a catéter urinario, las asociadas a catéter venoso central, la neumonía asociada a ventilación mecánica y la infección del sitio operatorio. Las cuatro comparten una característica clave: están ligadas a un dispositivo o a una herida, es decir, a una puerta de entrada artificial. Por eso la pregunta más útil que puede hacer un paciente es si todavía necesita el dispositivo que tiene puesto.
- ¿Cuándo debo sospechar que una herida o una vía se infectó?
- Avise de inmediato si aparece enrojecimiento que se extiende, hinchazón, calor, dolor creciente, secreción o mal olor alrededor de una herida, una vía o una sonda. Sume fiebre, escalofríos o malestar general. El dolor que aumenta en lugar de disminuir con los días es una señal especialmente confiable y con frecuencia se subestima.
- ¿Cuántas visitas debería recibir un paciente hospitalizado?
- Las que la institución permita, con dos reglas: nadie con síntomas respiratorios, fiebre o diarrea debe entrar, y todos deben higienizarse las manos al entrar y al salir. Las visitas son buenas para la recuperación y no hay razón para eliminarlas, pero un visitante resfriado en la habitación de alguien con defensas bajas es un riesgo real y evitable.