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Las 3 preguntas que pueden protegerte en el hospital

Qué me van a hacer, por qué y qué riesgos tiene. Tres preguntas que caben en quince segundos y que interrumpen la mayoría de los errores evitables antes de que ocurran.

Dr. Bernardo Rivera Pérez7 min de lectura

Un paciente entra a un procedimiento. Todo el mundo en la sala asume que alguien más ya verificó que es el paciente correcto, el lado correcto y el procedimiento correcto. Nadie lo dice en voz alta. Ese silencio es el lugar exacto donde se aloja una parte enorme del daño evitable en los hospitales del mundo.

La Organización Mundial de la Salud estima que alrededor de 1 de cada 10 pacientes sufre algún daño mientras recibe atención en salud, y que más de la mitad de esos daños son prevenibles. Traducido: aproximadamente uno de cada veinte pacientes se lleva un daño que no tenía por qué ocurrir. No hablamos de la enfermedad que lo llevó al hospital. Hablamos de lo que pasó dentro.

La respuesta institucional a ese problema son los sistemas de calidad, los protocolos y las listas de verificación. Todo eso funciona y hay que exigirlo. Pero hay una capa de protección adicional que no depende de ninguna institución, que está disponible para cualquier persona y que no cuesta nada: preguntar.

No preguntar por curiosidad. Preguntar tres cosas concretas, en un orden concreto, en el momento concreto.

Pregunta 1: ¿Qué me van a hacer exactamente?

Parece obvia. No lo es. Y no lo es porque en un hospital la información viaja por muchas manos antes de llegar a la suya: alguien la escribe, alguien la transcribe, alguien la lee en un turno distinto, alguien la ejecuta. Cada salto es una oportunidad de que algo se pierda o se cambie.

Cuando usted pregunta qué le van a hacer, no está pidiendo una clase de medicina. Está haciendo dos cosas al mismo tiempo:

  • Obliga a una verificación en voz alta. La persona que le responde tiene que mirar la orden, leerla y decirla. Eso interrumpe el piloto automático.
  • Le da a usted la oportunidad de detectar una discordancia. Usted es la única persona en esa sala que sabe todo lo que le han dicho desde que llegó. Si el lunes le dijeron que le harían una ecografía y el martes alguien menciona una tomografía, usted es quien puede notarlo.

La forma de preguntarlo importa menos de lo que la gente cree. "Perdón, ¿qué es esto que me van a hacer?" funciona perfectamente. Lo importante es que la respuesta sea específica. Si le responden "un examen", eso no es una respuesta. Pida el nombre del examen, la parte del cuerpo y, si aplica, el lado.

El detalle del lado, y por qué se insiste tanto

La cirugía en el sitio equivocado es un evento raro, pero es el tipo de error que la comunidad de seguridad del paciente clasifica como evento centinela: nunca debería ocurrir bajo ninguna circunstancia. Por eso los protocolos exigen marcar el sitio quirúrgico con el paciente despierto y participando. Si a usted le van a operar la rodilla derecha y nadie le pide que confirme cuál es, eso no es confianza: es un paso del protocolo que se saltó. Dígalo.

Pregunta 2: ¿Por qué es necesario en mi caso?

Esta es la pregunta que más incomoda y la que más rinde.

La medicina moderna tiene una gran cantidad de pruebas y procedimientos disponibles, y no todos aportan algo en todos los casos. Existe un fenómeno bien documentado, la cascada diagnóstica: un examen pedido sin una pregunta clara detrás produce un hallazgo incidental, ese hallazgo obliga a otro examen, y el segundo examen tiene sus propios riesgos. Al final el paciente terminó expuesto a tres procedimientos por una duda que nunca se formuló bien al principio.

Cuando usted pregunta por qué, está pidiendo que alguien conecte el procedimiento con su situación. Las buenas respuestas suenan así:

  • "Porque sus síntomas podrían corresponder a X, y este examen es el que lo confirma o lo descarta."
  • "Porque el medicamento que le vamos a dar puede afectar el riñón y necesitamos saber cómo está antes de empezar."
  • "Porque el resultado va a cambiar el tratamiento: si sale así hacemos una cosa, si sale asá hacemos otra."

Una respuesta que no conecta con nada — "es de rutina", "es el protocolo" — merece una repregunta amable: "¿y en mi caso qué cambiaría según el resultado?". Si la respuesta honesta es que no cambiaría nada, esa es una conversación que vale la pena tener antes y no después.

Pregunta 3: ¿Qué riesgos tiene y qué alternativas hay?

Todo procedimiento tiene riesgos. Todo. Un examen de sangre tiene el riesgo de un hematoma; una tomografía implica radiación; una cirugía implica anestesia. Que el riesgo sea pequeño no significa que sea cero, y usted tiene derecho a conocerlo antes de aceptar.

Esta pregunta también abre la puerta a algo que casi nunca se menciona espontáneamente: la alternativa. Con frecuencia existe más de un camino. A veces uno de ellos es esperar y observar. Preguntar "¿qué pasaría si no lo hacemos hoy?" no es rechazar el tratamiento; es entender la urgencia real de la decisión que le están pidiendo tomar.

Los tres puntos que conviene tener claros antes de firmar cualquier cosa:

  1. El riesgo específico del procedimiento en su caso, no en abstracto.
  2. La alternativa, incluida la de no hacer nada por ahora.
  3. Qué señales indicarían que algo salió mal después, y a quién avisar.

Ese tercer punto es el que más se olvida y el que más veces salva a alguien. Salir de un procedimiento sabiendo qué es normal y qué no lo es convierte al paciente en el sistema de alarma más rápido que tiene el hospital.

El momento importa tanto como la pregunta

Hay un instante ideal para preguntar y no es cuando ya lo están trasladando en la camilla. Es cuando le explican el plan y cuando le piden una firma. En esos dos momentos hay tiempo, hay un interlocutor identificable y todavía se puede corregir el rumbo sin costo.

Si el momento pasó y la duda sigue ahí, sigue siendo válido preguntar. Una frase que funciona bien y que no genera fricción con nadie: "antes de seguir, ¿me confirma mi nombre y qué me van a hacer?". Es corta, es educada y activa exactamente la verificación que usted necesita.

Qué hacer si la respuesta no llega

A veces la persona que tiene enfrente no es la que puede responder. Un camillero no decidió su tratamiento y no debe improvisar una respuesta. Lo correcto en ese caso es escalar, y usted puede pedirlo:

  • Pida hablar con la enfermera a cargo del turno.
  • Pida el nombre del médico tratante y en qué horario pasa visita.
  • Si la duda es sobre un medicamento, pida que la revise el servicio farmacéutico.
  • Si nada de eso destraba la situación, pregunte por la oficina de atención al usuario de la institución.

Anote los nombres y las horas. No como amenaza, sino porque en una hospitalización de varios días la memoria falla y un cuaderno no.

Por qué esto funciona

Los errores en la atención en salud rara vez son culpa de una persona descuidada. Son el resultado de sistemas complejos donde muchas manos ejecutan pasos parciales bajo presión de tiempo. Los modelos de seguridad describen esto como capas de defensa: cada protocolo es una barrera, y el daño ocurre cuando los huecos de todas las barreras se alinean.

Un paciente que pregunta es una barrera más. Es la única barrera que está presente en todos los pasos de la atención, que tiene el contexto completo de su propio caso y cuyo interés está perfectamente alineado con el resultado.

Preguntar no es desconfiar. Es participar. Y en seguridad del paciente, participar es la intervención de la que más evidencia hay y la que menos cuesta.

Preguntar qué, por qué y con qué riesgos toma menos de un minuto. Un daño evitable dura mucho más.

En la Guía para Sobrevivir al Hospital estas tres preguntas se despliegan en listas de verificación para cada momento de la atención: la consulta, la urgencia, el ingreso, la cirugía, la administración de medicamentos y el alta. La lógica es siempre la misma que acaba de leer.

Preguntas frecuentes

¿Cuáles son las tres preguntas que debo hacer antes de un procedimiento?
Qué me van a hacer exactamente, por qué es necesario en mi caso concreto, y qué riesgos y alternativas tiene. Las tres juntas toman menos de un minuto y obligan a que alguien verifique en voz alta que el procedimiento que va a ocurrir es el que estaba indicado para usted. Esa verificación en voz alta es, en la práctica, el filtro de seguridad más barato que existe.
¿Preguntar mucho hace que el personal de salud me atienda peor?
No, y la evidencia apunta en la dirección contraria. La Organización Mundial de la Salud calcula que la participación activa del paciente reduce los daños durante la atención hasta en un 15%. Un profesional con formación en seguridad entiende que una pregunta es una verificación adicional, no una desconfianza. Si alguien reacciona mal ante una pregunta razonable, eso es información valiosa sobre el servicio, no una razón para callarse.
¿Qué hago si no entiendo la respuesta que me dan?
Pida que se lo repitan en otras palabras y luego repítalo usted con las suyas. Esa técnica se llama teach-back y es un estándar de comunicación clínica: si usted no puede explicar el plan, el plan no fue comunicado. Decir "quiero asegurarme de que entendí bien: usted me va a hacer esto por esta razón, correcto" no ofende a nadie y detecta malentendidos en el acto.
¿Puedo negarme a un procedimiento si no me explican bien?
Sí. Ningún procedimiento debe realizarse sin consentimiento informado, y el consentimiento sólo es válido si usted recibió información suficiente para decidir. Puede pedir que esperen hasta que le expliquen, pedir hablar con el médico tratante, o solicitar una segunda opinión. Negarse temporalmente mientras se aclara una duda no es lo mismo que rechazar el tratamiento.
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No dejes tu seguridad al azar

Lleva contigo una guía práctica que te ayuda a preguntar, verificar y actuar en cada momento de tu atención en salud.